Cuando Osama bin Laden fue abatido por el ejército de
los Estados Unidos en su casa de Abbottabad, Pakistán, el mundo entero se
preguntó si el líder terrorista vivía allí con permiso del gobierno pakistaní,
dado que era prácticamente imposible que una figura como la suya pudiera vivir
dentro de una ciudad sin despertar las sospechas de nadie.
