Casi a todas las personas les gustan las artes plásticas,
sino coleccionarlas cuando menos admirarlas en los museos, los templos o las
propias calles. Cuando las obras son figurativas, cualquiera es experto, basta
tomar como base El David o la Venus de Milo, cuerpos perfectos con
proporciones minuciosamente cuidadas, para darse una idea de belleza, de esa
belleza humana que los escultores han trasladado a la piedra por milenios.
