Un papa puede ser aficionado al fútbol, sus funciones como
pastor de 1.200 millones de seres humanos no se lo impiden, lo que sí salta a
la vista es que es un poco extraño, a un pontífice se le relaciona con la
seriedad, la oración, la disciplina, y no con un deporte que congrega a miles
de personas en un estadio donde le gritan al arbitro y a miembros del equipo
rival toda clase de improperios.