En Latinoamérica actualmente hay varios gobiernos
revolucionarios, encabezados moralmente por Cuba y sostenidos petroleramente por Venezuela. Cuando los
caudillos de cada país llegaron al poder, vendieron su advenimiento como el
triunfo de una revolución, como el fin del servilismo al imperialismo yanqui,
como la era en la que el pueblo empezaría a gozar de lo que legítimamente le
corresponde.