En el siglo pasado hubo muchos estadounidenses que
querían ser rusos. Algunos emigraron para ver con sus propios ojos los frutos
del comunismo y regresaron a su país arrepentidos. Ayn Rand fue una rusa que desde muy niña quiso se estadounidense. Emigró
a los Estados Unidos y jamás se arrepintió. Murió demostrando la gran admiración que sentía por patria adoptiva, a la que consideraba el mejor país del mundo, un país
donde las personas podían ser libres.
